Una web corporativa que quiere captar clientes necesita dejar claro qué ofreces, para quién es y cuál es el siguiente paso. Necesita una estructura que se pueda recorrer sin mapa, páginas de servicio con contenido propio, pruebas de confianza reales, formularios sencillos y una base técnica que funcione en móvil, cargue con agilidad y pueda encontrarse en buscadores. También debe contemplar accesibilidad, privacidad y mantenimiento. La portada preciosa viene dentro; no puede ser lo único que viene dentro.
Esta es la lista que yo utilizaría para revisar una web antes de publicarla. Puedes aplicarla a una propuesta, a una web que ya existe o a ese proyecto que vive desde hace meses en una carpeta llamada «web nueva».
Primero: que alguien entienda dónde ha llegado
La primera pantalla no necesita contarlo todo. Pero sí debe responder a la pregunta más básica: «¿qué hacen aquí y esto es para mí?». Un titular concreto, una explicación breve y una acción visible suelen trabajar mucho mejor que una frase tan creativa que podría vender consultoría, velas o retiros en la montaña.
Antes de escribir, intento completar tres frases: ayudo a este tipo de persona, con este problema, de esta manera. No hace falta pegarlas literalmente en la portada. Sirven para decidir qué debe quedar claro y qué puede esperar a la siguiente sección.
La arquitectura tiene que seguir preguntas, no departamentos
Quien entra suele querer saber qué ofreces, si entiendes su situación, cómo trabajas, qué has hecho antes y cómo hablar contigo. La navegación debería acompañar ese recorrido, aunque por dentro tu negocio tenga otra organización.
Cuando varios servicios responden a necesidades diferentes, dales una página propia. La página general de Servicios funciona como mapa y las específicas profundizan. Intentar explicarlo todo en un único pergamino infinito suele dejar a cada servicio con dos frases y mucha competencia alrededor.
Las páginas no se coleccionan: cada una tiene un trabajo
No existe un número obligatorio. Una web no es más profesional por tener doce apartados si ocho no aportan nada. Estas son las piezas habituales y la función que les pediría.
Inicio: orientar, no resumir el universo
Presenta la propuesta principal, abre caminos hacia los servicios, ofrece alguna señal de confianza y permite avanzar al contacto. No necesita repetir cada página palabra por palabra. Su trabajo es ayudar a elegir por dónde seguir.
Servicios: bajar de la promesa a lo concreto
Una persona necesita saber qué problema resuelves, para quién encaja, qué incluye, qué no, cuánto tarda y cuál es el siguiente paso. No necesitas publicar una tarifa: sí conviene explicar qué variables deciden el presupuesto y cómo preparas una propuesta.
Quién soy o empresa: poner una persona y un criterio
No hace falta empezar en la función de fin de curso de 1998. Cuenta quién asumirá el trabajo, qué experiencia resulta relevante y cómo se toman decisiones. Una fotografía real y una forma de trabajar concreta generan más confianza que una pared de adjetivos.
Portfolio: contexto antes que confeti
Enseñar proyectos ayuda mucho más cuando explicas qué necesitaba el negocio, qué decidiste y cuál fue el alcance. No inventes resultados que no mediste. El proceso y las decisiones reales ya cuentan una historia valiosa.
Contacto: decir qué pasará después
Indica cuándo responderás, qué información te ayuda y qué otros canales existen. Pide solo lo necesario. Cada campo adicional es una pequeña barrera; que al menos tenga una razón.
Diario y legales: contenido útil, obligaciones reales
Un diario puede responder dudas que aparecen antes de contratar y conectar esas respuestas con los servicios. Las páginas legales deben describir lo que la web hace de verdad, no hablar de diecisiete herramientas que ni siquiera están instaladas.
La confianza no se compra por metros de logotipo
Se construye reduciendo incertidumbre: proyectos reales, proceso comprensible, datos de contacto visibles, condiciones claras, una identidad coherente y la sensación de que al otro lado hay alguien pendiente.
Los testimonios ayudan cuando son auténticos, atribuibles y cuentan algo concreto. Si todavía no los tienes, no pasa nada. No los sustituyas por una frase anónima de «Cliente feliz, Madrid». Explica mejor el trabajo y pide permiso a clientes reales cuando llegue el momento.
La claridad sobre el proceso y el alcance también genera confianza sin exponer una tarifa. En mi guía sobre cuánto cuesta una web profesional explico qué cambia una propuesta y cómo compararla con criterio.
CTA: una llamada, no una orden militar
«Enviar» describe lo que hace un botón. «Háblame sobre tu proyecto», «Pedir una revisión» o «Ver qué incluye» describen lo que ocurrirá después. Una página puede tener acciones secundarias, pero no necesita seis botones gritando con la misma intensidad.
Formulario: que llegue, que avise y que no castigue
Nombre, correo, una explicación y consentimiento suelen bastar para una primera conversación. Teléfono, presupuesto o plazo pueden ser útiles, pero no siempre tienen que ser obligatorios.
Prueba los errores, el teclado, el correo de destino, la confirmación y la protección frente a spam. Un formulario precioso que pierde mensajes es un problema comercial con muy buena tipografía.
Móvil, velocidad y accesibilidad no son la limpieza del final
Diseñar para móvil no consiste en encoger el escritorio hasta que cabe. Hay que revisar orden, tamaño de texto, distancia entre controles, menús, formularios e imágenes. La tarea principal debe seguir siendo cómoda con una pantalla estrecha y una conexión normal.
La velocidad nace de muchas decisiones pequeñas: peso de imágenes, tipografías, vídeos, scripts, plugins y alojamiento. Prioriza lo visible al entrar, carga lo demás cuando se acerque y no instales una herramienta completa para resolver un detalle que podía hacerse con unas pocas líneas.
La accesibilidad empieza en la estructura: un H1, subtítulos en orden, enlaces descriptivos, etiquetas en los campos, contraste suficiente y foco visible. Las imágenes informativas necesitan texto alternativo; las decorativas, uno vacío. Y si hay movimiento, debe existir una versión tranquila para quien lo haya pedido en su dispositivo.
SEO: que cada página tenga algo propio que decir
Cada URL indexable necesita un propósito, un title descriptivo, una meta description útil, una canonical correcta y enlaces internos que permitan descubrirla. El H1 debe describir la página para las personas. No hace falta esconder una segunda versión para los robots.
Los datos estructurados pueden describir la organización, la persona responsable, los servicios y los artículos. Deben corresponder con contenido visible y formar un conjunto coherente, no una reunión de bloques duplicados por tres plugins.
Privacidad ahora y mantenimiento después
La privacidad no debería aterrizar la tarde antes de publicar. Revisa qué datos recoge cada formulario, dónde llegan, cuánto se conservan y qué servicios externos intervienen. Si no utilizas analítica ni publicidad, no necesitas activar cookies por deporte.
Los textos legales deben adaptarse al titular y a las funciones reales del sitio. Cuando el tratamiento es complejo, corresponde pedir asesoramiento jurídico. Diseñar la web no convierte a nadie automáticamente en abogada, por muy ordenado que quede el footer.
Después de publicar toca actualizar, conservar copias, comprobar formularios, vigilar errores y revisar que el contenido siga siendo cierto. Conviene diferenciar mantenimiento preventivo, soporte ante incidencias y nuevos desarrollos. Son trabajos diferentes y necesitan límites diferentes.
La checklist de una web corporativa antes de publicar
Puedes copiarla, imprimirla o ir marcándola en pantalla. No hace falta que dejes tu correo para descubrir el punto diecisiete.
- La primera pantalla explica qué ofrece el negocio y para quién.
- Existe una acción principal clara en las páginas importantes.
- La navegación utiliza nombres que una persona reconoce.
- Cada servicio principal tiene contenido y alcance propios.
- Proyectos, datos y testimonios son reales y tienen permiso.
- El formulario pide solo lo necesario, muestra errores y entrega mensajes.
- Teléfono, correo y otros canales funcionan en móvil.
- Hay un solo H1 y los H2 y H3 siguen un orden lógico.
- Los enlaces explican adónde llevan.
- El foco de teclado es visible y el menú funciona sin ratón.
- Los colores tienen contraste suficiente y el texto puede ampliarse.
- Las imágenes tienen dimensiones, formato adecuado y texto alternativo cuando informa.
- La página funciona a 390, 768 y 1440 píxeles sin desplazamiento lateral.
- Title, description, canonical y robots aparecen una sola vez.
- Las URLs antiguas importantes redirigen si hubo rediseño.
- No hay enlaces internos rotos ni páginas huérfanas.
- Los datos estructurados corresponden con lo que se ve.
- Los textos legales describen formularios y herramientas reales.
- No se cargan cookies, analítica o scripts sin una necesidad acordada.
- Existe una copia de seguridad y alguien sabe qué hacer con ella.
Una buena web es un sistema, no una portada con mucha autoestima
La portada causa una primera impresión. La captación depende del conjunto: mensaje, servicios, confianza, contacto y funcionamiento. Cuando esas piezas se deciden en orden, el diseño deja de maquillar y empieza a ayudar.
Si quieres ver cómo planteo ese trabajo, entra en diseño web a medida y curiosea algunos proyectos del portfolio. Si ya tienes una web o una idea y quieres ordenar el alcance, puedes contarme qué tienes entre manos.

